31 may. 2015

Sueño con tocarte.

Tengo
el corazón a prueba de balas,
la cabeza completamente deshecha
y unas cuantas gotas de agua en las costillas.
Tengo la insoportable manía
de romper el silencio con martillos a modo de palabras,
de andar descalza y perderme
y no saber regresar.
Tengo al tiempo como aliado,
por si algún día tengo que esperarte
y los segundos se me clavan por la espalda,
y así nunca olvidarte.
Tengo canciones, música, y muchos poemas;
que la soledad es plenamente lírica,
y aún sueño con tocarte
si es que no lo he hecho todavía.
Tengo mucha tempestad dentro,
y siento como se retuerce y grita,
y esta noche no estás
al otro lado de la cama.
Tengo sueños efímeros y plurales,
que aunque no estés aquí a mi lado
puedo soñar contigo si quiero,
y aunque no quiera.
Tengo todo lo que quiero,
y más,
bien lejos de mí,
donde no puedo alcanzarte.
Tengo una melodía en la cabeza,
al lado del recuerdo de tu voz diciendo
quédate
y todas las veces que caí.
Tengo el comienzo de nuestra historia,
pero no el final si no estás aquí;
que todo esto empieza a arderme,
y yo no puedo soportar el frío.

30 may. 2015

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Muere,
y lo escribo en pequeñito para que la desgracia sólo sea mía,
y mis gigantes no se den cuenta.
Que ya no gritan,
ni susurran,
ni miran,
ni nada que implique un plural.
Que se pasan las vidas;
y les gusta el café amargo
como rutina diaria,
que tragan espinas y luego me las escupen.
Que son lo nublado de los domingos,
la lluvia de por las noches
y todos los suspensos posibles.
Todo lo que quepa,
por favor,
aquí dentro;
que todavía no estamos al 100% de desgracias,
y que si eso nos hace explotar,
sería más que un favor;
y le deberíamos la vida.
Que esto no tiene sentido
y las lágrimas ya se han convertido en granizo.
Que ya no la música,
ni los libros,
ni las películas
están en plural,
sino que ahora es un singular deprimido y solo.
O quizá no solo,
pero sí muy, muy deprimido.
Y todavía no sé,
cómo yo,
torpe y negada,
y no mis gigantes.