31 jul. 2016

Me he encontrado libre
espiando tu libertad.

He saboreado tu saliva
cuando te relamías
dos segundos antes de besarme:
dos segundos
antes
de juntar
tinta
y
papel.

De alguna forma he estado
tan loca que he empezado a quererte.

Ya sabes,
hay cosas que se hacen por inercia.

Como dejar que mis dedos se olviden
por un rato de dónde han estado
cuando se pierden por tus mechones.

Como llamar a mi boca velero
y a tus labios océano.

Como romperme como si fuera papel
con las pupilas,
como si fuera aire con las manos.

Benditas manos.

Parece que se movieran a cámara lenta
y que su único objetivo fuera
h a c e r m e  c e r r a r
l o s  o j o s.

A veces lo consiguen,
otras te observo mientras crees
que no te estoy mirando,
es cuando más guapo eres:
cuando eres tú.

No sé qué me da más miedo:
si quedarme u olvidarte.

En el primer caso
acabarías con el pecho roto e inundado,
y en el segundo, el mío
tendría que adornarse a sí mismo
con flores.

Que no eres fácil lo supe
cuando me atravesaste el cráneo
con una mirada. 
 
 

10 abr. 2016

/

Yo era una niña que sólo quería
que le besaran los miedos,
así que se juntó con la ventisca
sin saber que el viento que le levantaba la falda
era el mismo que no la dejaba volar.

Mi único error fue quererte antes de entenderte
y uno de los tuyos fue entenderme tan bien
-incluso mejor que yo-
y hacerme creer
que a tu lado era mejor,
aunque no lo fuera.

Yo creí que los malos sólo existían en los cuentos
y que las sonrisas que me encontraba por la calle
eran de verdad.

Sólo era una niña cuando alguien me dijo
algo que no repetiré
pero que sigo buscando en mi mente el momento
en el que decidí no dejar de oírlo nunca
y recordarlo siempre.

De lo único de lo que me declaro culpable
es de haberme vuelto poeta
tras haberte atravesado las pupilas.

También de haber cerrado los ojos
cuando te volvías y me dabas la espalda
-aunque sólo fuera para afilarte los dientes
y prepararte las manos-.

Yo no lo entendía pero creía que estaba bien
cuando tú decías que
"te agarro tan fuerte porque te quiero tanto..."
cuando mis musas homicidas se ponían de tu parte
y yo sonreía con otras manos alrededor de mi cuello:
totalmente vencida.

Dejé de ser una niña
cuando tus labios empezaron a pronunciarme. 

2 abr. 2016

he sido una hija de puta

He sido una hija de puta
pero juro que debajo de esta piel:
existo.

Que aguanto la respiración
para que nada me traspase,
que vivo más viva que el fuego
y que cuando muero, sigo viva.

Que tengo habitaciones llenas de eco en el pecho
y grietas en las pupilas
pero todavía no tengo sangre en las palmas de las manos
ni nada sobre la espalda más que yo misma.

Que si quiero correr,
sé vivir a cámara rápida
y pasar por alto que estoy viviendo.

Que no me importa que me oigan
cuando grito tu nombre tan borracha
que no sé ni pronunciarlo,
ni sé no temblar
sin dejarme las uñas,
ni sé no llorar
sin resultar terriblemente caótica
y acabar en los brazos de cualquiera
sólo pensando en los tuyos.

Que si quiero follo con los ojos abiertos
y beso con la boca tan cerrada
que tengan que abrirme con llave
y aún así, no sepan llegarme dentro.

Que me miro y sólo veo un corazón roto,
unas pupilas dilatadas y un cuerpo dispuesto.

He sido una hija de puta y,
antes que nadie, lo digo yo:
no me arrepiento.

31 mar. 2016

Quiero una piel a prueba de balas,
un corazón con cinta aislante
y unos labios que sepan besar y callar.
Quiero ganas de dejar de morderme las manos,
música que no me recuerde a ti
y días libres para mi garganta,
que ya ha colgado la bandera blanca
y ha pedido libertad por mí.
Quiero mirarte y no romperme por dentro,
dos segundos de margen
porque seguro que me pilla antes de que acabe,
y quiero ser sin ser en pedacitos.
Quiero que mi boca no me tenga miedo,
que mis brazos no tiemblen
y que mis rodillas jamás se toquen,
que mis pies se paren si quieren,
pero que nunca vayan hacia atrás.
Quiero saber respirar con los brazos abiertos,
entender que nunca nadie podrá
agarrarme por el cuello y justificarlo,
que soy enteramente libre y mía
y si algún día decido ser de alguien:
será mi decisión.
Quiero a alguien con los ojos abiertos,
con la cabeza en el siglo XXI
y muchas ganas de nunca darse por vencido.
Que si de algo estoy segura
es de que no hay camino de vuelta,
sólo un eterno camino de ida.

21 mar. 2016

6:49 a.m

Que me cuiden las manos
porque ya me he metido una bala en la boca,
ya he corrido tan despacio
que he ido a cámara lenta
sólo para tener tiempo y pensar
en cómo caer para hacerme más daño.

Que me vigilen
cuando me quedo a solas y a oscuras,
que ya he sonreído con la cara ensangrentada
y me ha gustado sentirme al borde
y un segundo más tarde sentirme cayendo:
me ha gustado.

He vivido en una eterna caída
que acaba en música triste
y no me he sentido culpable ni un segundo;
he tenido la mirada más triste de la sala,
los ojos más cerrados
y las piernas más abiertas.

Me he reabierto mis propias heridas
más segura de lo que nunca había estado
de que lo único infinito son las ganas,
y malditas las mías,
la noche en la que entendí
que lo más bonito de mí estaba dentro
así que decidí sacarlo fuera.

He temblado al contacto con mis propios dedos,
se me ha erizado la piel del vértigo,
he sido una hija de puta
y he contado gramo a gramo
con los ojos tan cansados que no podía ni contar.

He tenido el corazón tan roto
y he estado tan dispuesta
a seguir hundiéndome el pecho
que parece mentira que pueda seguir respirando
sabiendo que soy mi mayor enemigo
y que si algún día alguien me mata:
esa seré yo.

Me siento terriblemente orgullosa de decir
que he tenido los pulmones tan llenos de mala poesía,
que he matado y muerto en el mismo verso
y que he hecho tantas cosas malas
y que de ninguna me arrepiento.

He sido mía y he sido de cualquiera,
he gritado nombres borracha
-y completamente perdida-;
he vivido con menos que nada,
pero he vivido,
me he clavado los dientes en los brazos
para nunca olvidarme de mí
y aún así lo he hecho.

He lamido el suelo
como símbolo de victoria
de una guerra que nunca gané,
he sido todo lo contrario a mí
y he matado por nada,
lo he dado todo y he escrito demasiado
y ahora veo a un suicida.

12 mar. 2016

23:46

a la pausa antes del estallido
me gustaría dedicarle algunos versos,
pero sin embargo me encuentro
-si con suerte me encuentro-
y me encuentro temblando,
por fuera, nunca por dentro,
y siempre acabo escribiéndole a la guerra de palabras,
al 'yo más', al 'tú primero'.
a la pausa antes del estallido
me gustaría dedicarle algunos versos,
pero sin embargo no hay pausa ni poeta
y siempre tormenta
-siempre estallido-.

de alguna forma siempre me las arreglo
para salir herida de todas las batallas
-incluso cuando no me incumbe-,
de alguna forma estoy llena de tantos golpes visibles
que los que no se ven
ya no parecen tan importantes.
aún así, de alguna forma,
sigo tirándome al suelo cuando no me toca
para no saber nunca a qué sabe el cielo
por si me gusta y decido quedarme,
pero me doy cuenta de que no puedo.

a la guerra de miradas en una sala
demasiado pequeña para no notarlo
demasiado grande para hacerlo,
a esa guerra le dedicaría palabras en prosa
-no mancillaría mi poesía-
y luego quemaría cada rincón
que haya sido cómplice plural del infierno.
no me gusta hablar de lo que no sé,
así que ojalá no supiera
y no tuviera que hablar
como alternativa a arrancarme la piel a tiras
y mirarme y no reconocerme.

hablo de estallidos, de batallas y de guerras,
por no hablar de mil noches demasiado silenciosas
donde puede que haya cometido alguna locura
-no sin no haberme arrepentido después-
donde puede que no haya pensado
y me haya dado igual no haberlo hecho
o haberlo hecho.

que yo nunca salgo ilesa
pero siempre salgo,
que mi pecho alberga horrores
que mi cabeza no entendería,
que siento miedo cada vez que me miro al espejo,
que bendito el vértigo, la angustia, la ansiedad:
sentirse viva.

3 mar. 2016

11:11

11:11:01
   Que tu voz se quede cerca de mis dedos.
11:11:06
   Que el humo de tu cigarro no cese, que tu cabeza no se recomponga y que no sobrevivas (yo no puedo hacerlo).
11:11:14
   Que tu risa no se apague, que no me queda más piel que arrancarme.
11:11:15
   Que tus manos no se cansen nunca de explorarme.
11:11:21
   Que sigas mirándome cuando crees que no me doy cuenta.
11:11:28
   Que sigas sintiendo derrota tras intentar algo que ya has conseguido: a mí.
11:11:30
   Que pienses en mí cuando no sepas ni tu propio nombre, que me busques cuando ni siquiera te encuentres sanas las yemas de los dedos. Que me busques. Que me encuentres.
11:11:39
   Que leas poesía sin darte cuenta que eres todo lo que lees.
11:11:42
   Que cierres lo ojos y me oigas cantar, como si me tuvieras al lado.
11:11:45
   Que me veas en los ojos de cualquiera justo antes de serte infiel.
11:11:48
   Que no te pases las noches en vela. Que te pases las noches conmigo.
11:11:53
   Que te creas loco, que no te entiendas en cuanto a mí.
11:11:57
   Que te corroa la duda (las ganas) de mi risa por dentro.
11:11:59
   Que dejes de ser mi deseo de las 11:11.

25 feb. 2016

Jueves, 25 feb., 2016

Si preguntan por qué,
diles que me volví(ste) loca.
Que me prendí fuego a la boca
y que me encerré el corazón en un puño
-que no me arrepiento de nada-.
Que me sentí libre e hice de la libertad
la única palabra de mi diccionario.
Que vi amanecer el mismo día
desde tres espaldas distintas,
y que cuando cierro los ojos
sólo veo lunares.
Que corrí desnuda por la calle,
con mi ropa favorita,
pero desnuda.
Que me han definido la vida
y creo que prefiero saber definirla yo misma
antes de encerrarme verbalmente
y morir a los pies de una yo vacía.
Que sé que la primavera no es eterna,
pero qué bonito es lo efímero mientras dura.

Si preguntan por qué,
diles que me queda mucho todavía
para ser una bala perdida.
Que estoy más encontrada
que cualquiera de ellos,
y que siento lástima de sus pupilas vacías.
Que aprendí que volver a casa
es pronunciar tu nombre
y que tus labios es donde quiero quedarme a vivir.
Que no sé decirte todo esto con palabras.
Que Sabina tenía razón
en todos y cada uno de sus versos.
Que sé respirar.
Que vuelvo a sentir los dedos.
Que, no me malinterpretes,
pero no te quiero.

Si preguntan por qué,
diles que cuando lo averigüen,
que me lo digan.

14 feb. 2016

Huracán (11'5)

Yo era una niña que soñaba con algún día poder presentarse con el nombre de huracán, y tú eras la incierta ventisca que cuando pasaba levantaba más de una falda.

No te conocí entonces porque me escondía cuando tus ojos empezaban a vagabundear unos brazos abiertos, porque me encontraba a mí misma con la excusa de no querer ser encontrada, porque me daban miedo las manos más grandes que las mías y no tenía espacio para un corazón roto más.

Oía hablar de ti como el protagonista de todas las películas, como la pieza perdida de todos los puzzles, como un superhéroe. Cuánto hubiera dado por mirarte a escondidas, cuánto por haberte conocido de dentro a fuera. Llámame loca, pero juro que mi corazón palpitaba desde tus pestañas y que, cuando reías, se paraba un segundo para que en mi cuerpo sólo resonara tu risa. Soñaba con los mechones de tu pelo enredados en mis dedos, pero desde otra espalda estrellada.

Te movías como si conocieras todas las historias de fantasmas y hubieras vivido más inviernos que el propio frío. No sabía ni tu nombre, pero ya te conocía. No entendía la opresión en mi pecho cuando paseabas cerca, la confusión de palabras en mi garganta, el temblor de mis dedos, el absurdo ardor de mis mejillas; no conocía la sensación en mi espalda antes de haberte mirado a los ojos.

Yo era una niña que vivía lejos de la primavera y que dormía con un libro de poemas debajo de la almohada, y tú eras el mejor bailarín de la sala, y aún así, me sacaste a bailar a mí. A mí, caos enredado en despistes. Y yo, que había jurado clavarte las uñas en la espalda; yo, que había cerrado los ojos por un segundo. Yo. Que le había prometido a las estrellas hablarte de ellas.

Yo era una niña perdida que ya había escrito su nombre en más balas que corazones, y tú eras un barco de papel a la deriva, el sueño de un niño que había soñado de más y que nunca había dejado que le rompieran los sueños. Había jurado clavarte las uñas en la espalda, y acabé clavándotelas en el corazón, más convencida de lo que jamás había estado.

Yo era una niña perdida que soñaba con llamarse huracán.

13 feb. 2016

Qué poco me arrepiento

Quiero escribirte el amor en verso
y hacértelo tan despacio
que no sepas diferenciar mi cuerpo
del susurro del viento,
y te pierdas buscando en la basura
una última vez.

Quiero recitarte lo que no se dice,
para que no vayas tan rápido
y tengamos al menos un segundo
para preguntarnos cómo te llamas
y cómo has acabado aquí,
en objetos perdidos.

En cuando a catástrofes,
pregúntame lo que quieras,
que he vivido en más mareas
que en tierra firme,
y las pocas veces que he pisado el suelo
ha sido para nunca rendirme.

Ojalá hubiera tenido el valor
de preguntar por ti,
y ojalá me hubieran advertido
sobre el magnetismo,
y todas las marcas que llevas encima,
diciéndome nunca más.

Quiero robarte los lunares de la espalda
y guardármelos en el bolsillo
para cuando me sienta sola
y no recuerde el tacto de tu piel
y el cielo estrellado que te guardas.

Quiero alguna noche sin roces incómodos,
que he aprendido a respirar
y si quieres te enseño,
que lo hago mejor que nadie.

Si habláramos de errores estúpidos,
el mío fuiste tú,
pero qué poco me arrepiento.

De haberte besado en la boca
y haberte callado las penas.

De haberme bebido las penas
y haberte callado la boca.

7 feb. 2016

Sueños (4am)

Soñé con fuego.
Con caras, con almas, con vidas perdidas.
Soñé tanto que me quedé sin sueños,
viví tantas vidas que perdí segundos
rezándole a labios que ni sabían que existía.

Tuve roces, caí de rodillas,
paré el tiempo siempre que quise pararlo.
Me inyecté agua de mar en vena
para tener algo recorriéndome el cuerpo
que no fueran manos sucias.

Fui la puta de los labios pintados,
la presa fácil, la boca cerrada.
El único roce que tuve con convencionalismos
fue el reírme de ellos entre cigarro y cigarro,
más cerca de cualquiera que de mí misma.

Me fallé mil veces y me quise otras tantas,
vomité al verme y por eso ya no me miro:
por querer arrancarme la piel y besarme en el mismo baile,
por querer seguir viviendo y acabarme;
por quererme y por no quererme.

Soñé con fuego, soñé con vida;
y ahora, ya no sueño.

9 ene. 2016

Qué me vais a contar a mí
del amor,
si nunca habéis visto la primavera
nacer de unas pupilas dilatadas.

Si nunca habéis presenciado
el suicidio de las comisuras de sus labios
cuando juega a ser el primero
que toque mi corazón con las manos desnudas
y a tiempo récord,
y consigue todo lo que se proponga
que incluya mi cuerpo.

Si nunca habéis dejado de respirar
por un segundo,
cuando baila como aquellos
que no saben bailar mientras camina,
cuando se mueve y lo inunda todo.

No sé,
vivo renaciendo por el do de su espalda
y el mi de mis dedos;
el perfecto acorde de la lucha imposible,
de la piel,
del deseo.

Yo no hablo de amor,
y eso que me han besado
sus ganas en los labios,
y he vivido en un eterno ayer
con un dudoso presente
y un improbable futuro.

He sido la musa en noches de lluvia,
los labios del fracaso,
el humo de su primer cigarrillo;
he sido su vida en una primera mirada.

He sido una puta,
pero también he sido la mejor amiga
del rey del infierno,
que si de algo no me arrepiento
es de haberme enamorado
de los ojos más bonitos de la habitación
y de haberme corrido el lápiz de labios
en la cara de cualquiera.

A mí a desastre no me gana nadie,
y tú has sido mi mayor despiste,
por haberte dejado calarme
cuando no miraba,
culpable,
por haber escrito y haber sido
la poeta de la risa infinita
y de todas y cada una de tus pecas.

Tengo más huellas que la luna,
y aún así sigo gritando
tu nombre borracha,
y sigo queriendo ser mucho más
que aquella mirada
que, al fin y al cabo,
somos dos gatos,
que esta noche me apetece dormir
en tu tejado
y sé que a ti no te gusta
dormir solo.