14 feb. 2016

Huracán (11'5)

Yo era una niña que soñaba con algún día poder presentarse con el nombre de huracán, y tú eras la incierta ventisca que cuando pasaba levantaba más de una falda.

No te conocí entonces porque me escondía cuando tus ojos empezaban a vagabundear unos brazos abiertos, porque me encontraba a mí misma con la excusa de no querer ser encontrada, porque me daban miedo las manos más grandes que las mías y no tenía espacio para un corazón roto más.

Oía hablar de ti como el protagonista de todas las películas, como la pieza perdida de todos los puzzles, como un superhéroe. Cuánto hubiera dado por mirarte a escondidas, cuánto por haberte conocido de dentro a fuera. Llámame loca, pero juro que mi corazón palpitaba desde tus pestañas y que, cuando reías, se paraba un segundo para que en mi cuerpo sólo resonara tu risa. Soñaba con los mechones de tu pelo enredados en mis dedos, pero desde otra espalda estrellada.

Te movías como si conocieras todas las historias de fantasmas y hubieras vivido más inviernos que el propio frío. No sabía ni tu nombre, pero ya te conocía. No entendía la opresión en mi pecho cuando paseabas cerca, la confusión de palabras en mi garganta, el temblor de mis dedos, el absurdo ardor de mis mejillas; no conocía la sensación en mi espalda antes de haberte mirado a los ojos.

Yo era una niña que vivía lejos de la primavera y que dormía con un libro de poemas debajo de la almohada, y tú eras el mejor bailarín de la sala, y aún así, me sacaste a bailar a mí. A mí, caos enredado en despistes. Y yo, que había jurado clavarte las uñas en la espalda; yo, que había cerrado los ojos por un segundo. Yo. Que le había prometido a las estrellas hablarte de ellas.

Yo era una niña perdida que ya había escrito su nombre en más balas que corazones, y tú eras un barco de papel a la deriva, el sueño de un niño que había soñado de más y que nunca había dejado que le rompieran los sueños. Había jurado clavarte las uñas en la espalda, y acabé clavándotelas en el corazón, más convencida de lo que jamás había estado.

Yo era una niña perdida que soñaba con llamarse huracán.

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