25 feb. 2016

Jueves, 25 feb., 2016

Si preguntan por qué,
diles que me volví(ste) loca.
Que me prendí fuego a la boca
y que me encerré el corazón en un puño
-que no me arrepiento de nada-.
Que me sentí libre e hice de la libertad
la única palabra de mi diccionario.
Que vi amanecer el mismo día
desde tres espaldas distintas,
y que cuando cierro los ojos
sólo veo lunares.
Que corrí desnuda por la calle,
con mi ropa favorita,
pero desnuda.
Que me han definido la vida
y creo que prefiero saber definirla yo misma
antes de encerrarme verbalmente
y morir a los pies de una yo vacía.
Que sé que la primavera no es eterna,
pero qué bonito es lo efímero mientras dura.

Si preguntan por qué,
diles que me queda mucho todavía
para ser una bala perdida.
Que estoy más encontrada
que cualquiera de ellos,
y que siento lástima de sus pupilas vacías.
Que aprendí que volver a casa
es pronunciar tu nombre
y que tus labios es donde quiero quedarme a vivir.
Que no sé decirte todo esto con palabras.
Que Sabina tenía razón
en todos y cada uno de sus versos.
Que sé respirar.
Que vuelvo a sentir los dedos.
Que, no me malinterpretes,
pero no te quiero.

Si preguntan por qué,
diles que cuando lo averigüen,
que me lo digan.

14 feb. 2016

Huracán (11'5)

Yo era una niña que soñaba con algún día poder presentarse con el nombre de huracán, y tú eras la incierta ventisca que cuando pasaba levantaba más de una falda.

No te conocí entonces porque me escondía cuando tus ojos empezaban a vagabundear unos brazos abiertos, porque me encontraba a mí misma con la excusa de no querer ser encontrada, porque me daban miedo las manos más grandes que las mías y no tenía espacio para un corazón roto más.

Oía hablar de ti como el protagonista de todas las películas, como la pieza perdida de todos los puzzles, como un superhéroe. Cuánto hubiera dado por mirarte a escondidas, cuánto por haberte conocido de dentro a fuera. Llámame loca, pero juro que mi corazón palpitaba desde tus pestañas y que, cuando reías, se paraba un segundo para que en mi cuerpo sólo resonara tu risa. Soñaba con los mechones de tu pelo enredados en mis dedos, pero desde otra espalda estrellada.

Te movías como si conocieras todas las historias de fantasmas y hubieras vivido más inviernos que el propio frío. No sabía ni tu nombre, pero ya te conocía. No entendía la opresión en mi pecho cuando paseabas cerca, la confusión de palabras en mi garganta, el temblor de mis dedos, el absurdo ardor de mis mejillas; no conocía la sensación en mi espalda antes de haberte mirado a los ojos.

Yo era una niña que vivía lejos de la primavera y que dormía con un libro de poemas debajo de la almohada, y tú eras el mejor bailarín de la sala, y aún así, me sacaste a bailar a mí. A mí, caos enredado en despistes. Y yo, que había jurado clavarte las uñas en la espalda; yo, que había cerrado los ojos por un segundo. Yo. Que le había prometido a las estrellas hablarte de ellas.

Yo era una niña perdida que ya había escrito su nombre en más balas que corazones, y tú eras un barco de papel a la deriva, el sueño de un niño que había soñado de más y que nunca había dejado que le rompieran los sueños. Había jurado clavarte las uñas en la espalda, y acabé clavándotelas en el corazón, más convencida de lo que jamás había estado.

Yo era una niña perdida que soñaba con llamarse huracán.

13 feb. 2016

Qué poco me arrepiento

Quiero escribirte el amor en verso
y hacértelo tan despacio
que no sepas diferenciar mi cuerpo
del susurro del viento,
y te pierdas buscando en la basura
una última vez.

Quiero recitarte lo que no se dice,
para que no vayas tan rápido
y tengamos al menos un segundo
para preguntarnos cómo te llamas
y cómo has acabado aquí,
en objetos perdidos.

En cuando a catástrofes,
pregúntame lo que quieras,
que he vivido en más mareas
que en tierra firme,
y las pocas veces que he pisado el suelo
ha sido para nunca rendirme.

Ojalá hubiera tenido el valor
de preguntar por ti,
y ojalá me hubieran advertido
sobre el magnetismo,
y todas las marcas que llevas encima,
diciéndome nunca más.

Quiero robarte los lunares de la espalda
y guardármelos en el bolsillo
para cuando me sienta sola
y no recuerde el tacto de tu piel
y el cielo estrellado que te guardas.

Quiero alguna noche sin roces incómodos,
que he aprendido a respirar
y si quieres te enseño,
que lo hago mejor que nadie.

Si habláramos de errores estúpidos,
el mío fuiste tú,
pero qué poco me arrepiento.

De haberte besado en la boca
y haberte callado las penas.

De haberme bebido las penas
y haberte callado la boca.

7 feb. 2016

Sueños (4am)

Soñé con fuego.
Con caras, con almas, con vidas perdidas.
Soñé tanto que me quedé sin sueños,
viví tantas vidas que perdí segundos
rezándole a labios que ni sabían que existía.

Tuve roces, caí de rodillas,
paré el tiempo siempre que quise pararlo.
Me inyecté agua de mar en vena
para tener algo recorriéndome el cuerpo
que no fueran manos sucias.

Fui la puta de los labios pintados,
la presa fácil, la boca cerrada.
El único roce que tuve con convencionalismos
fue el reírme de ellos entre cigarro y cigarro,
más cerca de cualquiera que de mí misma.

Me fallé mil veces y me quise otras tantas,
vomité al verme y por eso ya no me miro:
por querer arrancarme la piel y besarme en el mismo baile,
por querer seguir viviendo y acabarme;
por quererme y por no quererme.

Soñé con fuego, soñé con vida;
y ahora, ya no sueño.