10 abr. 2016

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Yo era una niña que sólo quería
que le besaran los miedos,
así que se juntó con la ventisca
sin saber que el viento que le levantaba la falda
era el mismo que no la dejaba volar.

Mi único error fue quererte antes de entenderte
y uno de los tuyos fue entenderme tan bien
-incluso mejor que yo-
y hacerme creer
que a tu lado era mejor,
aunque no lo fuera.

Yo creí que los malos sólo existían en los cuentos
y que las sonrisas que me encontraba por la calle
eran de verdad.

Sólo era una niña cuando alguien me dijo
algo que no repetiré
pero que sigo buscando en mi mente el momento
en el que decidí no dejar de oírlo nunca
y recordarlo siempre.

De lo único de lo que me declaro culpable
es de haberme vuelto poeta
tras haberte atravesado las pupilas.

También de haber cerrado los ojos
cuando te volvías y me dabas la espalda
-aunque sólo fuera para afilarte los dientes
y prepararte las manos-.

Yo no lo entendía pero creía que estaba bien
cuando tú decías que
"te agarro tan fuerte porque te quiero tanto..."
cuando mis musas homicidas se ponían de tu parte
y yo sonreía con otras manos alrededor de mi cuello:
totalmente vencida.

Dejé de ser una niña
cuando tus labios empezaron a pronunciarme. 

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