30 may. 2015

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Muere,
y lo escribo en pequeñito para que la desgracia sólo sea mía,
y mis gigantes no se den cuenta.
Que ya no gritan,
ni susurran,
ni miran,
ni nada que implique un plural.
Que se pasan las vidas;
y les gusta el café amargo
como rutina diaria,
que tragan espinas y luego me las escupen.
Que son lo nublado de los domingos,
la lluvia de por las noches
y todos los suspensos posibles.
Todo lo que quepa,
por favor,
aquí dentro;
que todavía no estamos al 100% de desgracias,
y que si eso nos hace explotar,
sería más que un favor;
y le deberíamos la vida.
Que esto no tiene sentido
y las lágrimas ya se han convertido en granizo.
Que ya no la música,
ni los libros,
ni las películas
están en plural,
sino que ahora es un singular deprimido y solo.
O quizá no solo,
pero sí muy, muy deprimido.
Y todavía no sé,
cómo yo,
torpe y negada,
y no mis gigantes.

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