10 jun. 2015

Hablemos.
Sin tristes paralelismos de por medio ni inútiles metáforas que intenten adornar lo caótico e inevitable de la vida.
Desnudos verbalmente.
Desnudos como quien se arranca la poesía de la piel y se cuela la sangre con la esperanza de encontrar alivio. Como si hubiera algún alivio en medio de la guerra, como si las golondrinas y todas las demás aves fueran a cambiar el rumbo de su vuelo, como si las cosas fueran a cambiar sólo porque tú y yo seamos así, tú y yo.
Hablemos porque sino me pondré a pensar y todo esto ya se habrá acabado. Y ahí ni la poesía, ni la música, ni todas las golondrinas del mundo ayudan.
Ayudar es un verbo complicado.
Y no soy capaz de encontrar otra postura salvo la que te da la espalda, y la que llora en las esquinas porque las lágrimas queman delante de otras miradas, porque mis muros siguen derrumbándose y en mis ojos algo está inquieto.
Así que hablemos.
Y dime qué viste en un tulipán mustio.
Y dime por qué, y por qué si antes me parecías difícil de escribir, ahora no me acuerdo de ti ni con música de fondo. Cavaste hondo en mí con tu pequeña cuchara. Y para qué. Yo soy muchísimo más que poesía y, aún así, no consigo ser algo. Odio reconocer que sacaste lo mejor de mí y que ahora mi infierno está completamente incontrolable.
Pero benditos los segundos que estuve allá arriba, e iba de tu mano. Dichoso momento en el que me besaste y sonreí diciendo que ojalá lo hubieras hecho antes. No negaré que disfruté todos y cada uno de los minutos que pasamos bajo la lluvia el anterior invierno, y todas y cada una de las pisadas con eco en las hojas en otoño. 
Pero sigo dándote la espalda. Si quieres, adelante, pero todavía te quedan muchos muros por derrumbar si quieres llegar a lo más dentro de mí. Inténtalo.
Sería divertido ver cómo lo intentas.
Y cómo fallas. 
Y cómo fracasas.
Y cómo, después de todo, sigo jodida en tus dos grandes lagunas por ojos.

2 comentarios:

  1. Apenas he tenido tiempo para pasarme por aquí cuando te vi en mi blog.

    La verdad es que no sé cómo no lo había hecho antes, y me voy pero dejo un pedazito mío por aquí, porque de verás que quiero seguir leyéndote.

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    1. ¡Será un placer volverte a ver aquí de nuevo!

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